El Mundo / Martes / Caracas , 12 de Febrero de 2008
A Gustavo Véliz, por la idea
Las cuatro jóvenes aceptaban que para sobrevivir les bastaba con lo que aprehendían de las peroratas de los profesores; en cuanto cómo aprobar exámenes, en bachillerato desarrollaron verdaderas habilidades. Cuando ingresaron a la universidad, inmediatamente entendieron que había que tener novios para que les hicieran los trabajos que les mandaban para la casa. Sin embargo, no podían olvidar su ingenio porque todavía había profesores con la vieja costumbre de hacer exámenes. Siguieron portándose a la altura de las circunstancias, aunque a veces causaban daños como cuando en una prueba de estadísticas se sentaron detrás del mejor estudiante de la clase. La primera le pidió que la ayudara con las preguntas 3 y 4, las más difíciles; el muchacho le pasó su hoja con las respuestas... El profesor anunció que se había acabado el tiempo y que fueran depositando las pruebas en su escritorio. El joven a sovoz dijo, Pásame mi hoja, ella no contestó, Mira, dame la hoja... Pásamela... No la tengo. La tenía un alumno sentado frente al profesor; así que el mejor del salón sacó la menor nota.
Sitio oficial del columnista y escritor venezolano Marcial Fonseca. Autor de Habitacion 26, Los Mandamientos de Moisés y La Nube en el Cielo.